Tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro en la operación militar del 3 de enero de 2026, el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos dirigirá Venezuela hasta que haya “una transición segura”.
Si bien Trump no ha dado mayores detalles sobre qué significa que EE. UU. esté “encargado” de Venezuela, otros miembros de su gabinete sí han hablado públicamente sobre los planes de la administración.
Marco Rubio habló de un plan de 3 fases
El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó el 7 de enero de 2026 que el plan contempla 3 pasos:
1- Estabilización.
2- Recuperación.
3- Transición.
Según Rubio, la fase de estabilización es para evitar que Venezuela “descienda en el caos” e incluye la obtención y venta de petróleo venezolano, que posteriormente será vendido por Estados Unidos a precios internacionales. Según Rubio, “ese dinero será manejado de tal manera que podamos controlar cómo se desembolsa, de forma que beneficie al pueblo venezolano y no a la corrupción ni al régimen”. Más abajo te contamos qué sabemos sobre el manejo de ese dinero.
La fase de recuperación, indicó el secretario, “consiste en asegurar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de una manera justa” y “crear un proceso de reconciliación nacional dentro de Venezuela para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas” para “empezar a reconstruir la sociedad civil”
La tercera fase, según Rubio, es una transición en la que, al final, “corresponderá al pueblo venezolano transformar su país”.
De acuerdo a Rubio, el gobierno estadounidense espera que este plan se ejecute gracias a que EE. UU. tiene “el control y una capacidad de presión enormes” sobre las autoridades interinas del régimen chavista, liderado actualmente por Delcy Rodríguez.
El plan para administrar los ingresos por la venta del petróleo venezolano
El Departamento de Energía (DOE, por sus siglas en inglés) publicó en su página web el 7 de enero de 2026 algunos detalles sobre cómo ocurrirá la venta del petróleo venezolano por parte de Estados Unidos.
De acuerdo con el Departamento, se trata de un acuerdo entre Estados Unidos y Venezuela, en el que:
El gobierno de Estados Unidos comercializará de manera inmediata petróleo crudo venezolano en el mercado global en beneficio de Estados Unidos, Venezuela y sus aliados, y prevé la venta de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano .
El dinero de la venta llega primero a una cuenta controlada por Estados Unidos “en bancos de reconocimiento mundial, para garantizar la legitimidad e integridad de la distribución final de los fondos”.
Luego, los fondos se desembolsarán “en beneficio del pueblo estadounidense y del pueblo venezolano, a discreción del gobierno de los Estados Unidos”.
Además, EE. UU. autorizará el envío a Venezuela de “equipos, repuestos y servicios petroleros” para ayudar en la “modernización, expansión y actualización” de la industria petrolera venezolana, “para contrarrestar de inmediato décadas de declive en la producción e impulsar el crecimiento a corto plazo”.
Según lo que indica el DOE, Estados Unidos también trabajará en mejorar la red eléctrica en Venezuela, para aumentar la producción petrolera, y “ampliar las oportunidades económicas y mejorar la calidad de vida diaria del pueblo venezolano”.
Delcy Rodríguez, quien lidera actualmente el régimen chavista, exigió el 3 de enero de 2025 el regreso de Maduro a Venezuela, acusando a Estados Unidos de “secuestro”. También dijo que el país no está gobernado por un “agente externo”. No obstante, pocos días después, Rodríguez confirmó la colaboración de Venezuela con Estados Unidos en materia petrolera, incluyendo la realización de una operación conjunta el 9 de enero de 2026 para llevar de regreso a Venezuela un buque petrolero sancionado por Estados Unidos y otros países.
“El experimento más ambicioso de control hemisférico en décadas”
Oliver Stuenkel y Adrian Feinberg, expertos en Conflicto y Gobernabilidad del think-tank no partidista Carnegie Endowment for International Peace (CEIP) indicaron en un análisis que las acciones del gobierno de Trump respecto a Venezuela son “el experimento más ambicioso de control hemisférico en décadas” que ha llevado a cabo Estados Unidos.
Este tipo de supervisión, según los analistas, tiene similitudes a la ejercida por Estados Unidos entre 1904 y comienzos de la década de 1930, principalmente en República Dominicana, Cuba, Haití, Nicaragua y Panamá, donde funcionarios estadounidenses “asumieron el control de fuentes clave de ingresos –más comúnmente las aduanas, que en ese momento eran la principal fuente de ingresos estatales– y en algunos casos también ejercieron autoridad sobre la tributación interna y la elaboración del presupuesto”.
Si bien Stuenkel y Feinberg aclaran que “la Venezuela de 2026 no es el Caribe de 1906”, destacan en su escrito que las intervenciones de ese momento no produjeron los resultados esperados, por lo que que Washington renunció a esta política en 1933, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt, anunció la “Política del Buen Vecino”.
Samantha Gross, directora de Seguridad Energética del think-tank no partidista Brookings, en un análisis, puso en duda la factibilidad del plan de la administración, tomando en cuenta el deterioro de la industria petrolera venezolana y que “los mercados petroleros están bien abastecidos, los precios están cayendo, y esto reduce los márgenes de ganancia de los crudos costosos de producir”. Además, añade Gross, “las empresas necesitan un entorno político estable para realizar grandes inversiones y no está claro cuándo Venezuela podría alcanzar la estabilidad política”.
Gross recordó en su escrito que, tras la invasión a Irak de 2003, Estados Unidos afirmaba que las ganancias petroleras financiarían la reconstrucción del país pero que “no fue cierto entonces, y no lo será ahora”.
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