La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) anunció el 12 de febrero de 2026 la revocación del “dictamen de peligro” (endangerment finding, en inglés), el fundamento legal y científico que obligaba al gobierno a regular los gases de efecto invernadero en Estados Unidos.
Mientras que la EPA promete un ahorro económico para los estadounidenses, varios expertos advierten sobre graves riesgos para la salud pública y el medio ambiente. Además, destacaron que el cambio climático puede intensificar los costos de los alimentos, las facturas de energía y las primas de seguros debido a desastres climáticos más frecuentes.
Qué es el “dictamen de peligro” que la EPA acaba de revocar
El dictamen de peligro, firmado el 7 de diciembre de 2009, es un hallazgo científico y legal que concluye que la contaminación por gases de efecto invernadero –como el dióxido de carbono y el metano– representa un riesgo para la salud pública y el bienestar de los estadounidenses.
“Este ‘dictamen de peligro’ se basó en evidencia abrumadora de los propios expertos de la EPA, las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de EE. UU. y la comunidad científica, que demuestra que las emisiones de gases de efecto invernadero en EE. UU. derivadas de la extracción y la quema de combustibles fósiles impulsan el cambio climático global y perjudican a las personas”, explicó David Widawsky, experto en clima y director en Estados Unidos de World Resources Institute (WRI), una organización independiente sin fines de lucro que investiga sobre medio ambiente.
Meghan Greenfield, exabogada de la EPA y del Departamento de Justicia, indicó a la cadena BBC que “el dictamen de peligro ha sido el eje central de la regulación estadounidense de los gases de efecto invernadero”. Esto incluye “los vehículos de motor, pero también las centrales eléctricas, el sector del petróleo y el gas, el metano de los vertederos e incluso la aviación”, añadió.
La decisión dificulta la regulación de gases de efecto invernadero, según los expertos
Al revocar el dictamen de peligro, la EPA “dificulta considerablemente la regulación de las emisiones de gases de efecto invernadero”, según el World Resources Institute (WRI), una organización independiente sin fines de lucro que investiga sobre medio ambiente y desarrollo sostenible.
“Esto es importante porque, según la Ley de Aire Limpio, una de las leyes ambientales fundamentales de Estados Unidos, la EPA está legalmente obligada a regular los contaminantes una vez que determina que ponen en peligro la salud pública y el medio ambiente”, explicó la organización. Por lo tanto, al revocar esta decisión, la EPA “elimina la base científica y legal que exige la regulación federal de los gases de efecto invernadero, lo que debilita la protección de las personas, el medio ambiente y la economía”.
Según Widawsky, el dictamen de peligro sustentó regulaciones en múltiples sectores, “incluyendo límites de emisiones para vehículos de consumo, vehículos comerciales y camiones pesados, normas para centrales eléctricas de carbón y gas natural, y requisitos federales de sostenibilidad que rigen las compras gubernamentales y el comportamiento del mercado en general”.
Widawsky explicó que la EPA “no elimina toda la regulación de la contaminación atmosférica”: “La derogación se centra específicamente en la base legal para regular los gases de efecto invernadero derivados de la extracción y la quema de combustibles fósiles”.
Expertos alertan sobre impactos en salud y economía de la medida de la EPA
Con esta medida, según la EPA, los fabricantes de motores y vehículos ya no tendrán “obligaciones futuras de medición, control y reporte de emisiones de gases de efecto invernadero para ningún motor y vehículo de carretera, incluidos los modelos fabricados antes de esta norma final”.
Mientras el gobierno afirma que, con esta medida, ahorrará a los estadounidenses más de 1.3 billones de dólares y reducirá el precio de los vehículos, varios expertos advierten que el cambio climático intensificará los costos de los alimentos, las facturas de energía y las primas de seguros debido a desastres climáticos más frecuentes.
“Esta es la mayor medida desregulatoria en la historia de EE. UU. y ahorrará a los estadounidenses más de 1.3 billones de dólares”, indicó la EPA. Peter Zalzal, del Fondo de Defensa Ambiental, cuestionó los supuestos ahorros económicos: “Esto obligará a los estadounidenses a gastar más dinero, alrededor de 1.4 billones de dólares en combustible adicional, para impulsar estos vehículos menos eficientes y más contaminantes”, afirmó.
El experto también advirtió sobre el impacto en la salud de esta medida. “Hemos descubierto que provocará hasta 58,000 muertes prematuras y 37 millones de ataques de asma adicionales”, indicó a la BBC.
A esto se suman las posibles consecuencias de la medida en la industria automotriz. Michael Gerrard, experto en derecho climático de la Universidad de Columbia, advirtió que producir autos menos eficientes podría reducir sus ventas globales, ya que el cambio “pone a los fabricantes de automóviles estadounidenses en una situación comprometida, porque nadie más querrá comprar autos estadounidenses”.
Widawsky destacó que, sin medidas federales para reducir las emisiones, “los impactos del cambio climático solo se intensificarán, y las familias estadounidenses asumirán la carga financiera y sanitaria”.
De hecho, estos impactos ya se sienten. El experto puso como ejemplo el aumento de precios de alimentos debido a sequías y fenómenos extremos, facturas de energía más altas, mayor gasto en atención médica y primas de seguros más caras. A nivel comunitario, destacó que las inundaciones, incendios y sequías sobrecargan la infraestructura y pueden volver algunas zonas inhabitables, aumentando los costos de reparaciones, emergencias y desplazamiento.
Los latinos, doblemente amenazados por la relajación de normas ambientales
“Trump nos está quitando la herramienta de monitoreo más útil que tenemos para protegernos de la contaminación. Literalmente le está sacando las baterías a la alarma de incendios que tenemos para proteger el aire en nuestra casa. Sin ella respiraremos más humo sin saberlo”, afirmó Antonieta Cádiz, directora ejecutiva de Climate Power En Acción.
Según indicó, las comunidades latinas enfrentan una doble amenaza: “Vivimos cerca de refinerías, autopistas e industrias, y muchos trabajamos al aire libre en la agricultura y la construcción, sin poder escapar de la contaminación. Ahora, la EPA de Trump les da vía libre a los contaminadores para hacer nuestros hogares y trabajos aún más tóxicos”. Esta decisión, vaticina, “les costará miles de millones de dólares a las familias latinas en gastos médicos”.
El carbón es la fuente de energía más contaminante
Durante una entrevista en Fox Business, se le preguntó a Doug Burgum, secretario del Departamento de Interior, sobre la revocación del dictamen de peligro. Él afirmó que el CO2 “nunca ha sido un contaminante… por lo que todo este asunto del peligro abre una oportunidad para el resurgimiento del carbón estadounidense, limpio y hermoso”.
Pero es falso que el CO2 no sea un contaminante. En esta nota de Factchequeado ya te explicamos que el “carbón limpio y hermoso” al que suelen referirse Trump y su equipo es, en realidad, la fuente de energía más contaminante.
Se considera un gas contaminante a aquel que, al liberarse en el aire, puede tener efecto nocivo o producir daños para la salud o el bienestar humano o el medio ambiente. Se considera un gas de efecto invernadero a aquel que contribuye al calentamiento global.
Dentro de los gases contaminantes se incluyen los gases de efecto invernadero, aunque algunos no dañen nuestra salud directamente, como en los casos del dióxido de carbono y el metano que emiten de forma natural los seres vivos.
Tilsa Oré-Mónago, investigadora en energía y diseño de mercados en el Instituto Baker y profesora del Departamento de Economía de la Universidad Rice, dijo a Factchequeado que “el carbón es la fuente de energía más contaminante” en comparación con otras fuentes de energía.
La combustión de carbón produce más dióxido de carbono (CO2), un gas que atrapa el calor o gas de efecto invernadero que proviene de la extracción y quema de combustibles fósiles, que es “la quema de gas natural o petróleo para la producción de energía eléctrica”. Otras fuentes de electricidad, como la energía nuclear o las renovables (hidroeléctrica, eólica o solar) no emiten CO2, según la EPA.
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