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Islas de calor, un problema más para luchar contra el calor si vives en una gran ciudad

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Si sólo tienes unos segundos, lee estas líneas:

  • Con el calor en aumento y cerca de las semanas más calurosas del año, las islas de calor agravan las temperaturas en las grandes ciudades frente a las zonas rurales cercanas.
  • Según la EPA y la NASA, el fenómeno se debe a menos vegetación, materiales oscuros e impermeables, edificios altos, calles estrechas y calor residual de vehículos, fábricas y aires acondicionados.
  • La EPA recomienda más vegetación, techos ecológicos, pavimentos y tejados fríos, equipos eficientes y diseño urbano menos denso para reducir el calor, la demanda energética y los riesgos para la salud de las islas de calor.
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Con el calor en aumento en todo el país y la llegada de las semanas más calurosas del año, un factor adicional se suma a la lucha contra las temperaturas tórridas del verano, si vives en una gran ciudad: las islas de calor. 

Como explica la Agencia de Protección de Estados Unidos (EPA, por las siglas en inglés), la expresión isla de calor se aplica a las zonas urbanas con “muchas construcciones que son más calientes que las áreas rurales cercanas”.

En ciudades con al menos 1 millón de habitantes –en el país hay una docena– la temperatura puede ser más alta, entre 2 y 22 °F (1 a 12 °C), en comparación con las zonas rurales cercanas. 

¿Qué produce ese aumento de la temperatura?

La NASA apunta a la diferencia en la capacidad de absorción y de retención del calor en áreas urbanas frente a las rurales para explicar esta diferencia de temperatura. Las zonas rurales, precisa, suelen tener mayor presencia de vegetación. Estos árboles, arbustos y zonas de cultivo ponen en marcha el conocido como “aire acondicionado de la naturaleza” al liberar al aire vapor de agua tras absorber el líquido por sus raíces.

En las grandes ciudades no hay tantas plantas como en el campo. En su lugar, aceras, calles, aparcamientos y edificios altos pueblan el paisaje. Estas estructuras suelen estar compuestas por materiales como cemento, asfalto, ladrillo, cristal, acero y tejados oscuros. Suelen ser de colores como negro, marrón y gris, que, recuerda la NASA, absorben más el calor que los colores claros. 

Señala también la NASA que los materiales de construcción, además de oscuros, son impermeables y que esto impide al agua fluir a través de la superficies de la misma manera que lo hace con las plantas. “Sin un ciclo de flujo y evaporación del agua, estas superficies no tienen nada que las refresque”, explican. 

La EPA habla, además, del enfriamiento natural que producen la sombra de los árboles y de cómo el efecto isla de calor se incrementa por la noche, cuando el calor absorbido por los materiales mencionados, se libera. Además, suma la reducción del flujo del viento y el aumento de la temperatura del aire que eso produce por la altura de los edificios y la estrechez de las calles. Un aire caliente al que se suma temperatura, el “calor residual”, de vehículos, fábricas y aires acondicionados.  

La agencia ambiental se refiere también a la geografía de la ciudad y sus condiciones climáticas. No es lo mismo, explican, una urbe con fuertes vientos y lluvias que facilitan la expulsión del aire caliente y estancado, que una localidad con un clima soleado y con apenas viento que, en cambio, “puede intensificar las islas de calor”.

Problemas para la salud 

Desde 1999 hasta 2024, últimos datos consolidados disponibles en los CDC, encargados de las enfermedades, 23,954 personas han fallecido en el país por problemas relacionados con el calor. 

Como ya explicamos en Factchequeado, la población latina es la que está más expuesta al calor y sus riesgos al trabajar muchos de ellos al aire libre. El número de muertes ha ido aumentando de forma regular, con alguna excepción, desde 2014, alcanzando su pico en 2023 con 2,415 defunciones. Los datos provisionales de 2025 ubican en 1,852 las muertes por calor el último año.

Muertes por calor identificadas por los CDC con las características recogidas en los códigos P81.0, T67 y X30 de la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD en inglés). Fuente: CDC Wonder.

Como recuerda la EPA, el aumento del calor extremo que producen las islas de calor puede causar problemas respiratorios, calambres e insolación y, advierte, puede ser “especialmente” peligroso para las personas vulnerables, como los adultos mayores, menores, personas sin hogar o trabajadores al aire libre. Enfermedades “e incluso la muerte” pueden ser el resultado de no tomarse en serio este fenómeno. En Factchequeado  facilitamos una serie de recomendaciones para hacer frente al calor extremo.

También afecta a la calidad del aire, ya que las islas de calor aumentan la demanda energética para alimentar a los aires acondicionados, lo que aumenta, además de la factura de la electricidad, “las emisiones de carbono de la central eléctrica causantes del cambio climático”.

La calidad del agua tampoco se salva. El pavimento caliente sube la temperatura del agua circulante, lo que “puede causar daños a la vida acuática en los cauces locales”, según la EPA.

¿Cómo reducir las islas de calor?

Desde la EPA ofrecen estrategias que apuntan directamente a contrarrestar los problemas generados por las islas de calor. Entre sus recomendaciones, señalan que se puede reducir la temperatura en las ciudades con más vegetación, que aumente los espacios de sombra, y que incremente la potencia de ese “aire acondicionado natural” que genera la transpiración de las plantas.

Recomiendan, además, que esos espacios verdes también se construyan en azoteas. Los conocidos como “techos ecológicos” y que rebajan el calor de la zona. La temperatura en este tipo de jardines, aseguran, “puede ser de 30 a 40 °F (hasta 4.4 ºC) más bajas que las de techos convencionales y pueden reducir la temperatura ambiente de toda la ciudad hasta 5 °F (2.8ºC)”.

Tejados y pavimentos “fríos”. Ambos se elaboran con materiales o recubrimientos que reflejan menos la luz solar y reducen el calor que generan. Un techo o un pavimento frío transfiere menos calor y mantiene al edificio o la calle más frescas, demandando menos energía por mantenerse a una menor temperatura. 

Aconsejan el uso de aparatos y equipos con un consumo energético eficiente que ayuden a rebajar la presión en la red eléctrica durante los días de más calor.

En definitiva, apuestan por un diseño urbano de ciudades menos “densas y compactas” que faciliten la liberación “adecuada” del calor y que fomenten “la habitabilidad de los vecindarios”. 

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