El 20 de abril se celebra el Día Mundial de la Marihuana. Su consumo, más específicamente el de uno de sus componentes activos, el cannabidiol (CBD), es utilizado por algunas personas mayores para aliviar dolores crónicos, problemas de salud mental o insomnio. Como contamos en Factchequeado, ese uso no está exento de riesgos y los beneficios probados son limitados. Nuevos estudios vienen a sumar datos sobre los efectos en la memoria que puede tener su consumo.
El trabajo titulado “Efectos del consumo reciente y a lo largo de la vida de cannabis sobre la función cerebral” buscaba responder a la siguiente pregunta: “¿El consumo reciente de cannabis y el consumo de cannabis a lo largo de la vida están relacionados con diferencias en la función cerebral durante las tareas cognitivas?”. Y la respuesta es sí, aunque con peros.
Publicado en enero de 2025 en la web médica JAMA Network, el estudio concluyó que “los antecedentes de consumo intensivo de cannabis a lo largo de la vida se asocian con una menor activación cerebral relacionada con la memoria de trabajo, con un impacto del efecto de pequeño a mediano”.
“Las pruebas respaldaron que tanto el consumo reciente como el consumo intensivo de cannabis a lo largo de la vida se asocian con una disminución de la activación cerebral y del rendimiento cognitivo durante la memoria de trabajo”, añade.
En la investigación, explican, se evaluó la activación cerebral durante el desarrollo de siete tareas relacionadas con, además de la memoria del trabajo, la recompensa, la emoción, el lenguaje, la motricidad, la evaluación relacional y la teoría de la mente de 1,003 adultos jóvenes de entre 22 y 36 años.
Los hallazgos, afirma, “ponen de manifiesto los efectos negativos asociados al consumo intensivo de cannabis a lo largo de la vida y a la memoria de trabajo en adultos jóvenes sanos, que podrían ser duraderos”.
Reconoce, sin embargo, que los resultados “podrían no ser extrapolables a otros grupos de edad” y que el consumo intensivo de cannabis “se definió como un historial acumulado de más de 1,000 consumos o un diagnóstico de dependencia” de la sustancia. Esa muestra, añade, “podría representar un nivel relativamente bajo de gravedad de la adicción”.
Otro estudio, titulado “Análisis de los efectos agudos del cannabis en diversos ámbitos de la memoria: un estudio aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo”, y llevado a cabo con 120 consumidores de marihuana detectó “efectos agudos” por el consumo de la sustancia “sobre la memoria prospectiva y la memoria del orden temporal”.
Publicado en febrero de 2026 en la Revista de Psicofarmacología, de la Asociación Británica de Psicofarmacología, los resultados indican, según la conclusión, “que el consumo agudo de cannabis tiene amplios efectos perjudiciales en la mayoría de los ámbitos de la memoria, en lugar de afectar selectivamente a un número limitado de ellos”.
Situación de la marihuana en el país
La marihuana es ilegal a nivel federal, pero 24 estados, el Distrito de Columbia y dos territorios permiten su uso recreativo en pequeñas dosis. Es la droga ilegal más consumida en Estados Unidos, según datos recogidos en la Encuesta Nacional sobre el Consumo de Drogas y la Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés). Se calcula que en 2024, últimos datos disponibles, cerca de 64.2 millones de personas de al menos 12 años consumieron la sustancia.

Entre 2023 y 2024, el consumo de marihuana entre mayores de 12 años se incrementó en alrededor de 2.3 millones de personas.
“El porcentaje de personas de 12 años o más que declararon haber consumido marihuana en el último mes aumentó gradualmente del 6.1 % en 2008 al 15.4 % en 2024, un periodo durante el cual la mayoría de los estados derogaron las prohibiciones penales estatales sobre la marihuana y permitieron su uso recreativo y/o médico”, afirma el trabajo del Servicio de Investigación del Congreso titulado “La situación legal de la marihuana a nivel federal y la discrepancia normativa con los estados”.
Los movimientos para la despenalización de la marihuana en el país son amplios y están extendidos por toda su geografía. La organización The Marijuana Policy Project (MPP, por sus siglas en inglés) contabiliza “dos docenas de estados” donde el consumo de cannabis es legal para adultos y un total de 42 donde esa legalización alcanza, además del consumo, la producción y la venta “de al menos algunos productos de cannabis medicinal que son ilegales a nivel federal”.
Ese estatus de sustancia ilegal a nivel federal, según MPP, “plantea riesgos y dificultades para los consumidores, los organismos reguladores, las fuerzas del orden y las empresas”.
La organización defiende que “millones de estadounidenses han experimentado los beneficios médicos del cannabis” y denuncia que desde la Casa Blanca se clasifica “erróneamente” a la marihuana “como sustancia de la Lista I, categoría reservada a drogas como la heroína, que presentan un alto potencial de abuso y escasos o nulos beneficios médicos”.
La Lista I es el nivel de control más alto de los cinco que existen. Como explica la DEA, organismo cuya misión es hacer cumplir las leyes antidrogas del país, “se clasifican en cinco categorías o listas distintas, según su uso médico aceptable y su potencial de abuso o dependencia”.
En ese sentido, Donald Trump firmó una orden ejecutiva el 18 de diciembre de 2025 por el que instruyó a la entonces fiscal general, Pam Bondi, para que tomara “las medidas necesarias para trasladar sin demora la marihuana de la Lista I a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas (CSA, por sus siglas en inglés)”.
Sin embargo, para que se apruebe ese cambio de una lista a otra hay que seguir una serie de pasos que involucran a organismos como la DEA y el Departamento de Salud. También al Congreso, donde varios republicanos se han mostrado en desacuerdo con el posible cambio.
El paso de la Lista I a la III calificaría a la marihuana, según la DEA, como una droga “con un potencial de dependencia física y psicológica de moderado a bajo”, al mismo nivel que productos por unidad o dosis “con menos de 90 miligramos de codeína, ketamina, esteroides anabólicos o testosterona”.
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