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Más calor, más polen: cómo el cambio climático agrava las alergias

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Si sólo tienes unos segundos, lee estas líneas:

  • La alergia al polen afecta a millones de personas en primavera, pero las temporadas se alargan por cambios en temperatura, heladas, lluvias y CO2.
  • Según los CDC, en 2024 el 25.2% de adultos y el 20.6% de menores sufrieron alergia estacional. La rinitis alérgica genera 4.1 millones de visitas médicas.
  • La AAFA recomienda consultar niveles de polen, cerrar puertas y ventanas, usar purificadores, ducharse antes de dormir y comenzar medicamentos semanas antes de la temporada.
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Por Alberto Andreo Sandoval de Factchequeado

Ya está aquí la primavera y, de su mano, las alergias. La explosión reproductiva estacional de las plantas impregna el ambiente de polen, su mecanismo de multiplicación. Las abejas, mariposas y pájaros de todo tipo echan una mano en la dispersión de los granos microscópicos. Y el viento también hace lo suyo, claro. Todo florece y el campo, los bosques, los jardines nos deleitan con una explosión de colores. Bueno, a todos no. Los alérgicos experimentan, además, de otro tipo de estallido: el del picor de ojos y nariz, mocos, de ataques de tos y estornudos incontrolables, que son algunos de los síntomas de la alergia… Todo ello por el polen. Un suplicio. 

Según los CDC, encargados del control de enfermedades, en 2024 (últimas cifras disponibles), un 25.2% de adultos sufría de “alergia estacional”, que es como se conoce médicamente a la alergia al polen, cifra que en menores de 18 años se quedaba en 20.6%. Los CDC contabilizaron en ese mismo año 4.1 millones de visitas médicas por rinitis alérgica, dolencia que comprende a la mayoría de los males sufridos por los alérgicos al polen.

Datos de los CDC señalan que la rinitis alérgica afecta “hasta 60 millones de personas” en el país. Los costes médicos calculados relacionados con el polen “superan los 3.000 millones de dólares al año, y casi la mitad de ellos, se debe al coste de los medicamentos recetados”. Apuntan, además, que la primavera es la principal época de alergias, pero, en realidad, todo el año es temporada de alergias, solo que la primavera es la más intensa.

Según la Fundación del Asma y las Alergias de Estados Unidos (AAFA por sus siglas en inglés), de febrero a abril tenemos la alergias que producen el polen de los árboles –periodo de tiempo que amplía a “diciembre o enero” a “algunas regiones del país”–, en abril se suma el polen de las hierbas, y desde agosto a la “primera helada fuerte” quedarían las “malas hierbas”.

La AAFA aumenta el número de personas afectadas por la rinitis a 82 millones de personas en todo el país y añade a los datos de los costes médicos de los CDC, que la dolencia genera disminución de la calidad de vida, días perdidos de escuela y trabajo y “un empeoramiento de enfermedades relacionadas, como el asma, que puede poner en peligro la vida”.

En cuanto a los latinos, la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología (AAAAI, por sus siglas en inglés), señaló que la Encuesta Nacional de Salud de 2021 reveló que “casi el 19% de los adultos hispanos y el 15% de los niños padecían alergias estacionales”.

Y la situación no va a mejorar.

El cambio climático como dinamizador del polen

El estudio “El cambio climático provocado por el hombre está agravando las temporadas de polen en América del Norte”, liderado por el profesor de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Utah, William Anderegg, concluyó que el cambio climático ya había agravado “las temporadas de polen en las últimas tres décadas, con los consiguientes efectos perjudiciales para la salud respiratoria”. Para el trabajo utilizaron los datos de polen “a largo plazo de 60 estaciones norteamericanas entre 1990 y 2018”.  

“Observamos un avance generalizado y un alargamiento de las temporadas de polen (+20 días) y un aumento de las concentraciones de polen (+21 %) en toda América del Norte, fenómenos que están estrechamente relacionados con el calentamiento observado”, concluye el trabajo.

El 6 de marzo de 2026, la organización Climate Central publicó los resultados sobre su estudio en cerca de 200 ciudades del país del aumento de la temporada sin heladas. El trabajo, titulado “Temporada de crecimiento más cálida, temporada de alergias más larga”, concluye que “las tendencias de calentamiento provocan más días sin heladas cada año, dando a las plantas más tiempo para crecer y liberar polen que induce alergias”.

El cambio climático, señala, “contribuye a que las temporadas de alergias sean más tempranas, más largas y más intensas para millones de personas” en el país “afectadas por las alergias al polen”.

En las 198 ciudades analizadas, la temporada de crecimiento sin heladas “se alargó en 21 días en promedio entre 1970 y 2025” en 173 de ellas. 

A nivel nacional, añade, “todas las regiones climáticas de Estados Unidos han visto alargarse sus temporadas de crecimiento sin heladas”. La lista la encabeza la zona del Noroeste “con un promedio de 31 días más en comparación con principios de la década de 1970”. 

Otros estudios a nivel mundial o centrados en otros países y ciudades llegaron a las mismas conclusiones: el cambio climático está ampliando la época de polinización y, de la mano, la de las alergias. Uno de ellos calcula que, de darse determinados aumentos de temperatura del planeta derivados de ese cambio climático, podrían impulsar las emisiones de polen de finales de siglo XXI “hasta un 200%”.

La AAFA apunta en su informe anual “2026 Allergy Capitals. The Most Challenging Places to Live with Pollen Allergy” que “las intensas tormentas, el aumento de las temperaturas y la sequía han provocado un mayor aumento de los niveles de polen y temporadas de polen más prolongadas en el oeste” del país. 

Esa subida de las temperaturas, añade, “hace que las plantas empiecen a crecer antes y produzcan un polen más alergénico”, entendiendo esa “alergenicidad” como “la intensidad de la respuesta alérgica al polen”, explica.

La AAFA confecciona todos los años la lista de las 100 ciudades del país con un mayor índice de polen en el aire. En la imagen, las 20 ciudades más difíciles en las que vivir en 2026 siendo alérgico al polen.

Desde los CDC suman, a la variación en la intensidad de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas, la “disminución de los días de heladas” recogidas en el estudio de Climate Central y un “incremento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera” que puede afectar:

  • El inicio, el final y la duración de la temporada de polen cada año.

  • La cantidad de polen que producen las plantas y, de la mano de esto, la cantidad presente en el aire y al que estamos expuestos. 

Además, amplían el problema también al interior de las viviendas y espacios cerrados en general, ya que “las lluvias torrenciales y el aumento de las temperaturas” pueden también “provocar la aparición de moho en el interior, lo que agrava los problemas respiratorios de las personas con asma o alergias al moho y dificulta el control del asma”.

Consejos para sufrir menos

La AAFA recuerda que la alergia estacional al polen se puede “controlar” con “cuidados personales y un plan de tratamiento” de la dolencia. Además de consultar con el médico el tratamiento a seguir, la organización facilita esta serie de consejos:

  • Consultar todos los días los niveles de polen. La organización informa que puedes hacerlo en aplicaciones como pollenwise.com o en la web de la Oficina Nacional de Alergias de la Academia Estadounidense de Alergia, Asma e Inmunología.

  • Tomar medidas para que el polen entre en la vivienda, entre las que se encuentran cerrar puertas y ventanas el mayor tiempo posible y usar purificadores de aire. 

  • Lavarse la nariz con una solución salina y ducharse antes de irse a la cama para eliminar el polen que pueda haberse pegado al cuerpo. 

  • Comenzar a tomar los medicamentos contra la alergia un par de semanas antes de que comience la temporada para adelantarse a los síntomas.  

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