Atardeceres más rojos y espectaculares pueden ser señal de contaminación: la belleza del cielo también revela qué estamos respirando. En este tercer episodio del podcast de Factchequeado, “Frío, tibio, calor”, explicamos cómo la dispersión de la luz y las partículas en el aire intensifican los colores del atardecer, qué dice la ciencia sobre este fenómeno y por qué esos cielos pueden sugerir peligros reales para la salud y el ambiente.
Transcripción
Imagínate que estamos caminando, o manejando, por una calle cualquiera. Es el final de un día largo, o sea, estamos cansados, aburridos, irritados, o peor, stuck in traffic. No hay remedio. No nos queda más que resignarnos y contar los minutos hasta llegar a casa.
Luego, de repente, algo cambia.
La luz se suaviza, los colores se intensifican, el mundo se cubre de un filtro muy pero muy aesthetic en cuestión de minutos. El cielo se tiñe de rojos intensos, naranjas, rosados y amarillos.
Es un atardecer. Una escena de lo más prosaica y cotidiana, como esperar en el tráfico un miércoles cualquiera, se vuelve un momento *instagrameble*. Una pintura natural que nos hace olvidar el tedio de todos los días.
Y, of course, un atardecer es una de esas bellezas naturales que podemos ver a diario.

Pero algo que tal vez no sabías es que, en muchos casos, esos colores intensos que hacen tan bello un atardecer en la ciudad son, en realidad, culpa de nosotros, los humanos. Y que eso, my friend… está lejos de ser una buena noticia. No lo es ni para nosotros los latinos, ni para the rest of humanity.
Para entender si la contaminación hace que los atardeceres sean más intensos o no, tenemos que step back a little bit first, a preguntas básicas. Empecemos por entender… qué es un color. ¿Alguna vez te preguntaste eso? Yo no. Así que vamos.
Un color no es… digamos, una cosa. No es algo que podamos tocar como… como el celular, por ejemplo. Es algo que tus ojos ven cuando les llega la luz.
Resulta que la luz se mueve en ondas, como las olas del mar. Tú ya sabrás que hay olas grandes, medianas y muy pequeñas. Y todas estas olas juntas forman algo enorme que se llama espectro electromagnético. Eso es una palabra larga que simplemente significa todos los tipos de luz que existen. Ahí están las ondas de radio, los rayos x, la luz del sol y, claro, los colores.
Pero de todas esas olas que hay por ahí, nuestros ojos humanos solo pueden ver una parte pequeña pequeñita. Y ahora pongámonos un poquito más del lado de la física para explicar por qué vemos solo una partecita de tooodo este wave-verse.
Mira un momentito la portada de este podcast. ¿Por qué ves sus colores: rojo, verde, azul? Porque esos colores tienen distintas frecuencias. ¿Y qué es la frecuencia? Very simple: es qué tan rápido se repite una onda.
La onda sube y baja muchas veces en un segundo. Si sube y baja muchas veces en ese lapso de tiempo, decimos que es de alta frecuencia. Si no lo hace mucho en el mismo segundo, decimos que es de baja frecuencia. Hasta ahí, ¿bien? Bien.
Entonces, la frecuencia es sólo cuántas veces sube y baja en un segundo. Un ciclo por segundo. Eso es lo que se conoce como un Hertz.
La diferencia entre ver algo verde y algo rojo es la frecuencia de la onda de luz.
Las ondas con ciclos más lentos son rojas, las de ciclos más rápidos son verdes, azules o violetas.
La longitud de una onda es aún más fácil de entender. Es la distancia entre una cresta y la siguiente. Pero, let’s go slow con este tema porque a mí sí que me costó verlo clarito como lo veo ahora. Imagina que estás en un barco en medio del mar. El barco sube y baja con las olas. Justo al frente, en línea recta, hay otro barco. También sube y baja. En un momento los dos están arriba, cada uno en la parte más alta de una ola.
Entre tu punto más alto y el punto más alto del otro barco hay una distancia. Esa distancia, de una cima de ola a la siguiente cima, es la longitud de onda.
Si los barcos están muy separados cuando ambos están arriba, la longitud de onda es grande. Si están más cerca, es pequeña.
Es la distancia entre dos puntos iguales en la ola, uno después del otro. Los colores son frecuencias. Ritmos particulares de la luz.
Y ahora que sabemos qué es un color, podemos empezar a intuir que el color no se ve igual en TODO el universo… no, no sir. En el vacío del espacio, la luz simplemente viaja, pero cuando atraviesa nuestra atmósfera la luz interactúa con las moléculas del aire. La mayoría de estas partículas son el aire que respiramos: o sea, moléculas de nitrógeno, oxígeno, argón y vapor de agua. Este fenómeno de la dispersión de la luz en nuestra atmósfera fue descubierto por Lord Rayleigh en 1871.
Él fue un físico británico que ganó el nobel de Física en 1904 por sus contribuciones al estudio de la densidad de los gases y el descubrimiento del argón. Por eso se conoce a este efecto como la dispersión de Rayleigh. Y aquí ya vamos llegando al quid del asunto: al por qué de esos atardeceres tan intensos y fascinantes. Pero antes de poner el cherry on top de esta explicación, quiero que hagas un ejercicio más.
Si miras en este momento hacia el cielo, podrías preguntarte por qué es azul… si es que está despejado, claro. La mayor parte del día lo vemos así porque el nitrógeno y oxígeno dispersan con facilidad el color azul, una frecuencia del espectro con longitud de onda más bien corta.
La radiación solar atraviesa el aire de la atmósfera y la dispersión pinta la atmósfera dependiendo de esa interacción.
Aquí ya sí podemos hablar de la magia que ocurre cuando llegamos al amanecer o al atardecer, ¡por fin! El cambio es que cuando el sol está cerca del horizonte, su luz recorre mucho más aire antes de llegar a nuestros ojos que cuando el Sol está alto en el cielo, como ocurre al medio día. La luz se percibe más intensa a medio día por eso mismo. Y al atardecer, la luz, en cambio, parece que se hace más suave.
Al atravesar más atmósfera tiene que atravesar más partículas y moléculas. Más atmósfera means más dispersión. Y cuando llega a nuestros ojos, no todas las longitudes alcanzan a ser percibidas. Es como si, al atardecer, hubiera tanto cielo por recorrer que la luz se queda sin color azul para pintarlo y le toca pintar con lo que le queda: los rojos y amarillos y naranjas.
Beautiful explanation, darling! Pero tú te preguntarás todo esto qué tiene que ver con la contaminación.
Pues, amigo: en el aire que respiramos hay algo más que oxígeno, nitrógeno y vapor de agua.
En la atmósfera también hay gases que no deberían estar allí y aerosoles. Partículas pequeñas o gotas suspendidas en el aire. Y estos aerosoles contaminantes del aire son de muchos tipos, de muchos tamaños distintos… y también varían en sus efectos.
A estos materiales particulados se los conoce como PM, por sus siglas en inglés. Por ejemplo, el hollín es un tipo de PM 2.5, que proviene de la quema de combustibles como el carbón o derivados del petróleo. Las zonas con tráfico intenso, o cerca de plantas de energía o de incendios forestales, tienden a tener mediciones altas de material particulado como este. Horrible, ugh.
En general, se mide este PM en micrómetros. La polución que más ha sido estudiada por sus efectos nocivos para nosotros, según la Organización Mundial de la Salud, se refiere a las partículas que miden entre 2.5 y 10 micrómetros. O sea que el hollín definitivamente cabe ahí. Para que te hagas una idea, un solo cabello de tu cabeza tiene más o menos 70 micrómetros de grosor.
Al ser tan pequeñas, este material particulado es fácil de respirar y capaz de llegar, a través de los pulmones, a nuestra propia sangre. Cuanto más pequeñitas las PM, más peligrosas para la salud, imagínate. Se asocian a muchas enfermedades respiratorias, a infartos, accidentes cerebrovasculares, a partos prematuros, a deterioro cognitivo, ¡hasta cáncer de pulmón!
Estamos en la mala en este tema, mira no más este dato. Según la OMS, 9 de cada 10 menores de 15 años en el mundo respiran un aire lo suficientemente contaminado como para producir efectos en su salud a largo plazo. Eso puede generar, potencialmente, una reducción en su calidad y expectativa de vida.
La relación entre la presencia de estas partículas y el cambio climático es… mmm… compleja, digamos. Las principales causas de la presencia de PM 2.5 en la atmósfera son, efectivamente, la quema de biomasa y las emisiones producidas. ¿Y quién quema toda esta biomasa? ¡Pues NOSOTROS, los humanos! Nuestras industrias, nuestros hogares y nuestros vehículos que usan combustibles fósiles.
Y aquí va la más mala de todas las malas: ese material particulado en la atmósfera es, justamente, una de las razones de que los atardeceres sean tan hermosos en muchas ciudades.
En general, con un cielo limpio, los atardeceres pueden ser rojos. Pero para un cielo de rojo intenso necesitas ¡aerosoles!
Y ojo, algunas veces esos aerosoles pueden venir de fuentes naturales: pueden ser de tormentas de arena, de incendios forestales, de erupciones volcánicas… cositas chill de la naturaleza, you know. Tengo que decir que los volcanes son responsables de algunos de los 3 atardeceres más intensos en nuestra historia. ¿Por qué? Es que liberan unos gases en la atmósfera que pueden dispersarse por todo el planeta. Y así llenan la atmósfera de partículas.
De hecho, en 1883 la explosión del Krakatoa impactó en la atmósfera e inspiró una de las pinturas más famosas del mundo, según cuentan algunas hipótesis. La obra se llama El grito, del artista noruego Edvard Munch. Y si algo destaca de ella es su cielo.

El grito es una imagen de pánico puro. Tiene una especie de puente. En el centro domina una figura humana, casi derretida, algo fantasmagórica. Se agarra la cara. Tiene los ojos abiertos, vacíos y su boca en la forma de un grito. El paisaje también parece derretido: es amorfo, extraño, intenso. Y el cielo le hace eco a ese miedo: rojo, naranja y amarillo intenso que se refleja sobre el rostro y el puente.
Pero a falta de volcanes y tormentas de arena, tenemos polución. El efecto, al menos en lo que se refiere al atardecer, es muy similar. Nuestras ciudades y su calidad del aire cuestionable producen… una belleza agridulce.
Los atardeceres intensos que vemos tan a menudo quizás no inspiran tantas pinturas al óleo como algunos dicen que fue fuente de inspiración El grito de Munch, pero sí inspiran miles de posts de Instagram a diario, fascinados por un cielo de colores intensos al final de un largo día de trabajo.
Esta relación entre atardeceres aesthetic y contaminación ha inspirado a otro grupo no de pintores, curiosamente… sino de científicos ambientales. Ellos se preguntaron si es posible estudiar el clima del pasado usando, justamente, pinturas de atardeceres.
Yes, you got that right: ¡como la pintura de El grito!
En 2014 publicaron sus resultados en la revista Atmospheric Chemistry and Physics. Su intención era la siguiente: examinar si era posible encontrar una correlación entre los colores de atardeceres de pinturas famosas y qué tanto los aerosoles de la atmósfera dispersan la luz. Para lograrlo, estudiaron 554 pinturas y las compararon con los datos disponibles de erupciones volcánicas.
La idea era intentar sacar información a partir de los colores de las pinturas. Espectacular eso, ¿no? Y así querían ver si esa información encajaba con los datos que fueron recogidos o estimados durante varias erupciones volcánicas que pasaron en los mismos años de las pinturas.
Este dato del estudio me fascinó: ¡el experimento contó con un colorista con-tra-ta-do para el estudio! Lo que hizo fue que durante una serie de tormentas del Sahara, dibujó varias pinturas en la isla de Hydra, en Grecia. ¡Qué belleza viajar, pintar Y contribuir a la ciencia al mismo tiempo! Dreamjob, la verdad.
¿Y cómo hace eso exactamente? Bueno, los investigadores afirman que este método permite usar las pinturas como proxy, es decir, como información que permite inferir la profundidad óptica de los aerosoles allí donde no hay mediciones directas. El resultado es que sí hay una correlación significativa entre los colores en las pinturas y la dispersión de la luz producto de las erupciones volcánicas.
Aunque hacen varias aclaraciones de los límites de su modelo y su experimento, claro.
La conclusión es hermosísima. Los grandes maestros del arte logran capturar un aspecto de nuestra realidad con una habilidad y una intuición que sólo pudimos confirmar mucho tiempo después, con instrumentos modernos de medición atmosférica.
El arte y la ciencia a veces no son tan distintos como uno cree.
Las pinturas como las de Edvard Munch sugieren la atmósfera del pasado, pero si has visto la pintura, notarán que a pesar del bello atardecer, el cuadro no es muy reconfortante. ¡Todo lo contrario! El grito está lleno de cierta angustia y me pregunto si al ver algunos atardeceres intensos deberíamos sentir al menos cierta preocupación. No sólo por el deterioro de la calidad del aire y la contaminación. Mira, pensemos en las ciudades en las que vivimos. Como en ese capítulo de Parks and Rec donde Leslie y Ben contemplan un bello atardecer en Pawnee, Indiana.
Wow, the sky is really beautiful.
It’s pollution from the Sweetums factory. It’s gorgeous. But, is it worth the asthma?
No.
Pues bien. ¿Vale la pena el asma? Respondamos a Leslie. Según el informe del Estado del Aire de la Asociación Americana del Pulmón, las personas latinas tenemos casi tres veces más probabilidad de vivir en comunidades con mala calidad del aire. Y no sólo eso, sino que respiramos un 63% más de contaminación de la que causamos. Según un estudio de Harvard, la contaminación por material particulado fino es un 14% más alta en zonas de mayoría latina que en zonas de mayoría blanca.
En el trabajo no nos va mejor, my friend. Las comunidades latinas, junto a las negras, tenemos mayor riesgo de exposición a los contaminantes en nuestros empleos, principalmente por un tema socioeconómico. La pobreza y falta de ingresos contribuye a que muchas comunidades latinas vivan cerca de fuentes de contaminación. Muchas de las ciudades donde hay importante población latina también tienen altas concentraciones de contaminantes en estados como California, Texas, Nevada, Colorado, Illinois y Florida. Así que, take notes, porque Debido a esta exposición desproporcionada se vuelve necesario que tomemos más medidas que las habituales.
Lo primero es consultar los riesgos que existen para nosotros. Consultar los pronósticos de calidad de aire en las páginas de AirNow de la Agencia de Protección Ambiental, y si no son positivos, intenta reducir el tiempo al aire libre. Usa mascarillas como la legendaria N95, que tanto se popularizó durante la pandemia del Covid 19, es capaz de filtrar las partículas más finas de polución. Protege tu hogar durante los días de peores calidades del aire. Mantén puertas y ventanas cerradas. Ojo, evita prender contaminantes como cigarrillos, vapes dentro de la casa. Usa aire acondicionado en modo recirculación y, si es posible, emplea un purificador de aire portátil con filtro HEPA.
Si la calidad del aire es muy negativa puedes intentar crear una habitación limpia. Además de lo que dije antes, la Asociación Americana del Pulmón recomienda colocar toallas en las rendijas para evitar los contaminantes. También recomienda evitar velas, incienso, cigarrillo, vapes o productos de limpieza. Y, cuando mires un atardecer intenso, recuerda que no todo es tan lindo como en pintura.
Quizás lo más contradictorio de estos atardeceres intensos, en plena era del cambio climático, es que, sí, la contaminación puede pintar atardeceres espectaculares… pero si se vuelve excesiva, el cielo deja de tener cualquier señal de belleza. Si la saturación con la contaminación continúa, no sólo dejaremos de ver los azules; también esos rojos terminarán por apagarse. Ese gris de la contaminación, ese humo, ese smog, esos aerosoles de los que hemos venido hablando… terminan por opacar cualquier otro color. En el peor de los casos, la imagen más triste sería imaginar que solo nos inspiremos en pintar cuadros con cielos grises. Solo un gris espeso, fijo, imposible de mirar… e imposible de respirar.
Créditos
“Frío, tibio, caliente” es un podcast de Factchequeado producido por Sillón Estudios, que presenta información verificada sobre cómo afecta el cambio climático. Narración: Irene García Calvo.
Guiones: Felipe Useche.
Investigación: Felipe Useche, Pablo Convers e Isabel Rubio.
Edición de los guiones: Ana María Carrano.
Edición de audio y diseño sonoro: Maru Lombardo.
Música: Epidemic Sound.
Diseño gráfico: Julieta Licandro Meta.
Producción general: Sara Trejos.
Producción ejecutiva: Laura Zommer.
Agradecemos a Climate Power en Acción por su apoyo para la producción de estas historias.Puedes suscribirte en Spotify, Apple Podcast, YouTube y en otras plataformas de podcast.
Referencias de la investigación
https://www.epa.gov/pm-pollution/particulate-matter-pm-basics#PM
https://factchequeado.com/teexplicamos/20250618/latinos-contaminacion-aire-eeuu/
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0048969724047600
https://www.scientificamerican.com/article/fact-or-fiction-smog-creates-beautiful-sunsets/
https://acp.copernicus.org/articles/14/2987/2014/acp-14-2987-2014.html
https://factchequeado.com/teexplicamos/20250618/latinos-contaminacion-aire-eeuu/
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