El fuego puede renovar bosques, pero también generar tragedias. En este episodio del podcast “Frío, tibio, caliente” te contamos cómo la naturaleza participa en ciclos de quema, con halcones que prenden incendios a propósito, hasta pinos que necesitan arder para reproducirse.
Además explicamos tecnologías como el helitorch o conocimientos de quema provenientes de culturas indígenas. Y sí, los incendios forestales nos afectan a todos, pero hay comunidades latinas muy vulnerables. Te contamos por qué, y qué puedes hacer para estar preparado.
Transcripción
¿Alguna vez te has quedado hipnotizado viendo las llamas de una fogata? Ay, no te hagas, todos lo hemos hecho.
Hay algo en el movimiento del fuego, en ese color naranja casi magnético, que nos jala desde muy adentro.
And it makes sense. La realidad es que, sin el fuego, probablemente tú y yo ni estaríamos aquí hablando.
Piénsalo. Pocas tecnologías han sido tan determinantes para que nosotros, los humanos, llegáramos a ser lo que somos. Los arqueólogos dicen que la evidencia más vieja de que ya andábamos jugando con fuego es de entre 1 a 1.5 millones de años. ¡Imagínate eso! Un millón de años. Antes de inventar la rueda, el lenguaje o incluso, los pantalones, ya andábamos quemando cosas por ahí.
Hoy damos el fuego for granted, honestly. Picamos un botón en la estufa y ¡pum!, hay lumbre. Prendemos un encendedor y ni pensamos en la magia que hay detrás. Pero el fuego está en todos lados, incluso cuando no lo vemos. De hecho, nuestra idea de "casa" está amarradísima al fuego.
Te tengo un fun fact: ¿Sabías que, en español español eh, las palabras "hogar" y "hoguera" vienen de la misma raíz lingüística? Es lo mismo. En el hogar se prende el horno, donde se calienta el cafecito o el matecito o lo que guste tomar. El punto es que el hogar es ahí donde la familia se junta alrededor del calorcito.
Pero claro, como toda tecnología humana, el fuego tiene su lado bueno y su lado… em… no tan bueno. Hablarte del peligro del fuego es como decir que el agua moja, pero hear me out. A ver, ¿quién no se traumatizó cuando era pequeño con esa escena de Bambi donde se quema el bosque? Yo todavía me acuerdo de la música de terror y de los pobres animalitos corriendo por su vida. Esa película me metió en la cabeza que el fuego es el villano del cuento, el enemigo número uno de los árboles.
Y mira, la verdad es que Walt Disney no estaba tan equivocado. Resulta que el fuego no es el villano de la película. La gran mayoría de los incendios forestales los provocamos nosotros los humanos, ya sea por descuido, por mala onda o por pura ignorancia.
E incluso si tenemos cuidado hay una realidad que no podemos evadir. Y es que el cambio climático produce las condiciones perfectas para que los incendios forestales se propaguen más rápido y sean más destructivos.
No hay que irnos hace un millón de años para comprobar esto: apenas en enero de 2025, California vivió una pesadilla que parecía sacada de una disaster movie. Los incendios en Los Ángeles fueron una tragedia total. Treinta y un personas perdieron la vida, más de doscientas mil tuvieron que salir corriendo de sus casas con lo que tenían puesto encima, y dieciocho mil estructuras quedaron hechas cenizas. Estamos hablando de pérdidas de más o menos 250 mil millones de dólares. Total madness, pues.

Y hay algo de lo que casi no se habla. Cuando vemos las llamas en la tele, vemos las mansiones de Malibú quemándose o a los famosos evacuando en sus carros de lujo. Pero la realidad es que los más afectados por los incendios forestales no viven en Hollywood. Somos nosotros. Los latinos.
Para entender por qué el fuego se sale de control así de feo, tenemos que entender cómo funciona. No es magia negra, no, no sir, es ciencia básica, pero de esa que se te queda grabada. Los expertos hablan del "triángulo del fuego".
Para que haya lumbre necesitas tres cosas, ni una más, ni una menos: oxígeno, combustible (que en el bosque son las ramas, las hojas secas y los troncos) y una fuente de calor, que puede ser un rayo, una colilla de cigarro mal apagada o una fogata que alguien dejó ahí o apagó de manera incorrecta.
Cuando esos tres elementos se juntan, creamos una de las primeras tecnologías de la humanidad. Pero cuando el triángulo se expande y se nos escapa de las manos, esa tecnología se vuelve una fuerza capaz de borrar del mapa a comunidades enteras.
Ahora, aquí es donde la cosa se pone interesante. Casi siempre pensamos que el fuego es cosa de humanos, ¿verdad? Que somos los únicos "inteligentes" o en su defecto "irresponsables" que andan prendiendo cosas. Pues fíjate que no. La naturaleza tiene sus propios pyromaniacs… y, déjame decirte: son unos genios.
Allá viven tres especies de aves rapaces que la gente conoce como "firehawks": halcones de fuego. Estos pájaros son la neta, de veras. Cuando ven un incendio pequeño, agarran palos que ya están prendidos con sus garras, vuelan un buen tramo y los sueltan en zonas de pasto seco que todavía no se están quemando.
Y tú te preguntarás: ¿por qué un pájaro haría eso? ¡Pues para agrandar los incendios y usarlos como estrategia para conseguir presas! El fuego saca a ratones, lagartijas e insectos de sus escondites. Ahora son blanco fácil.
Lo que faltaba en Australia. Tienen arañas enormes, animales venenosos, algunos de los reptiles más grandes del mundo y ahora, pájaros pirómanos.
Pero no hay que irse hasta Australia para encontrar usos naturales del fuego. En Oregon se ha visto que venados, osos y hasta pájaros carpinteros se benefician del fuego cuando ocurre. Ellos no prenden la mecha como el firehawk, pero sí que aprovechan las consecuencias de los incendios forestales. El fuego limpia el piso del bosque, quita la maleza vieja y deja que crezcan plantas nuevas y más nutritivas, más ready-to-eat que un taquito de cabeza. El fuego no es sólo destrucción, es una antesala de la renovación del bosque.
Hay plantas que, de plano, no podrían vivir sin el fuego. Está el caso del pino Knobcone o Pino de Eldorado. Este árbol es bien especial: tiene unos conos de semilla que están sellados con una resina súper dura. Si no hay fuego, la semilla se queda ahí encerrada. Necesita que el calor de un incendio derrita esa resina para que el cono se abra y las semillas puedan caer al suelo y germinar. O sea, para este pino, el fuego no es la muerte, sino todo lo contrario: es su estrategia evolutiva para continuar la vida. Qué loco, ¿no?
Pero estas especies parecen ser la excepción. Así los fuegos sean parte fundamental de los ciclos de vida de muchos ecosistemas, la realidad de las cifras es clara: el 90% de los incendios forestales son provocados por nosotros los humanos, no por astutos halcones australianos.
Pero claro, llegar a entender esto nos tomó décadas y nos costó muy caro. ¿Se acuerdan del Oso Smokey? Ese que salía en la tele diciendo: "Solo tú puedes prevenir los incendios forestales".
Por mucho tiempo, desde 1935 hasta finales de los 70, la política oficial en Estados Unidos era la supresión total. Se llamaba la "10 AM Policy". La orden era clara: si salía una chispa en el bosque, para las 10 de la mañana del día siguiente el incendio tenía que estar completamente apagado. Ni una brasa podía quedar viva.
Parecía una buena idea, ¿no? Una creería que sí. Yo misma lo creía. Pues ahora sabemos que no lo era tanto.
Mira por qué. Resulta que al apagar absolutamente todos los incendios, incluso los chiquitos que ocurrían de manera natural, lo único que logramos fue que el bosque se llenara de basura natural. Se acumuló un montón de madera muerta, hojas secas y arbustos apretados. ¿Y qué significa eso? Yes, you got that right: que el bosque se convirtió en una bomba de tiempo, en pura pólvora esperando una chispa.
Y cuando finalmente llega un incendio en esas condiciones, ya no es un fueguito que corre por el suelo, nope. Se convierte en un "fuego de copa". Esos son los más fuertes, porque las llamas saltan a las copas de los árboles y corren por arriba a una velocidad impresionante. Esos incendios son casi imposibles de parar y destruyen todo a su paso.
A esto súmale el ingrediente secreto que lo echa todo a perder: el cambio climático. Qué sucede: que el mundo ya no es el mismo de antes. La dimensión de esos incendios de Los Ángeles en 2025 de los que hablábamos al principio ocurrieron en condiciones que eran 5 grados más calientes y un 15% más secas que hace apenas unas décadas. El calor extra le quita toda la humedad a las plantas y las deja listas para arder.
Y para acabar de empeorar la cosa, los humanos seguimos expandiendo las fronteras urbanas. Para el año 2020, uno de cada tres californianos ya vivía en zonas de transición, o sea, en la zona donde termina la ciudad y empieza el bosque. Estamos construyendo casas en el jardín del fuego. Así que tenemos the whole combo: un bosque lleno de combustible, un clima cada vez más seco y caluroso, y un montón de gente viviendo justo en medio del peligro. Diría que es una tormenta perfecta, pero las tormentas no son malas noticias cuando hablamos de incendios, ¿no crees?
Las buenas noticias son otras y tienen que ver con lo que hoy sabemos sobre el fuego y las nuevas estrategias para combatir, prevenir y actuar a la hora de lidiar con este incremento en los incendios forestales por el cambio climático.
A ver, ponte en este escenario: ves que el bosque se está quemando y tu solución es... ¿echarle más fuego? Suena a una locura, pero resulta que es una de las estrategias más novedosas que tenemos para salvar los bosques.
Combatir fuego con fuego.
Hoy en día, los bomberos forestales usan una cosa de película: el "helitorch".

Picture this: un helicóptero que lleva colgando un tanque lleno de un gel de gasolina en gel que se enciende al salir encendido. Vuela sobre zonas específicas y va soltando porciones de ese gel encendido, gotas de ese fuego líquido, como si estuviera sembrando llamas. Lo que está haciendo es una quema controlada. Quema a propósito el exceso de ramas secas y arbustos que hay en el suelo bajo condiciones, valga la redundancia: controladas. Así, cuando llegue un incendio de verdad, ya no va a tener combustible para alimentarse y su manejo puede ser mucho menos complicado. Smart move, si me preguntan a mí.
Y mira, aunque el "helitorch" es pura tecnología moderna, la idea no es nueva para nada. En California, la agencia CAL FIRE está aprendiendo mucho de los pueblos indígenas para controlar el fuego. Por ejemplo, los Kalapuya llevan siglos quemando sus tierras tribales de manera inteligente.
En 2021, California invirtió 1.5 mil millones de dólares para expandir estrategias de prevención como el Helitorch, y para julio de 2025, el estado ya tenía seis helicópteros Huey dedicados exclusivamente a estas misiones de "fuego preventivo".
Y tú habrás visto todo eso que salió en redes sobre este tema del “fuego preventivo”.
Pues no: estas estrategias no son conspiraciones para incendiar los bosques y decir que fue el cambio climático o que se está quemando bosque para poner parques eólicos. ¡No podemos usar esfuerzos titánicos para controlar estos desastres como una EXCUSA para llenar las redes con teorías conspirativas! Las mentiras, como los incendios forestales, también se expanden con mucha rapidez. Ojito con eso.
Así que me inspiro en Smokey el Oso para decirles: sólo tú puedes prevenir la desinformación.
Y tú dirás: “Sí, terrible la desinformación y los fuegos y todo eso pero… ¿yo qué? ¿Qué tengo que ver ahí?” Pues, my friend: cuando vemos las mansiones de Malibú quemándose en Los Ángeles o a los famosos evacuando en sus carros de lujo… la realidad es que, detrás de esas pantallas, los más afectados por los incendios forestales no viven en Hollywood, como ya te dijimos.
Somos nosotros. Los latinos.
Primero: el 90% de los trabajadores agrícolas de California son latinos. ¡90% POR CIEEENTO, IT’S A LOT! More than a lot! Durante los incendios de Ventura County en 2017, 2.6 millones de trabajadores indocumentados e indígenas fueron ignorados por los esfuerzos de evacuación. Esto no fue intencional, sino el resultado de políticas públicas que no están diseñadas para atender las vulnerabilidades específicas de esta población.
Y mira, el problema no es solo el calor o el humo, es que muchas veces ni siquiera llega la información a quien más la necesita. Es increíble, pero casi todos los servicios de prevención y las alertas de emergencia se emiten ¡solo en inglés! Si no dominas el idioma, esa barrera se vuelve una trampa mortal. Según el Journal of Communication in Healthcare, hay una ausencia casi total de comunicación pública que sea coordinada y, sobre todo, que tome en cuenta la realidad cultural de nuestra gente. No basta con traducir un texto, hay que saber cómo hablarle a las comunidades más vulnerables frente a este tipo de desastre.
Los datos no mienten: un estudio de 2018 reveló que las comunidades afro, hispanas e indígenas son un 50% más vulnerables a los incendios forestales que el resto de la población.
Un ejemplo clarísimo de esta situación ocurrió durante los incendios de Ventura County en California en 2024. Mientras las autoridades le rogaban a todo el mundo que usara mascarillas N95 si tenían que salir a la calle, miles de trabajadores pasaron días enteros entre el humo, sin que sus empleadores les aportaran lo mínimo para protegerse mientras trabajaban.
¿Y sabes qué es lo peor? Que mientras esto pasaba, la División de Seguridad y Salud Ocupacional de California cerró sus oficinas locales justo durante los primeros cinco días del incendio. Aunque abrieron después por la presión de la gente y de algunos políticos, resulta que en ese momento los reguladores ni siquiera tenían la autoridad legal para proteger a los trabajadores del humo. Fue hasta el año siguiente, en 2018, que gracias a la lucha de activistas y a mucha presión política, se aprobaron regulaciones de emergencia, ¡por fin! Ahora, por ley, los empleadores están obligados a dar mascarillas cuando la calidad del aire se pone realmente peligrosa.
Estar preparados no es paranoia, es res-pon-sa-bi-li-dad. Hay tres pasos clave que todos deberíamos seguir si vivimos cerca de zonas de riesgo. Y acá hay que recordar el triángulo del fuego del incendio. Allí está la clave. Recuerda, un fuego necesita tres cosas: oxígeno, una fuente de calor y combustible. Cuando ya hay alerta de incendio, la primera y la segunda están fuera de nuestro control. Pero la última, el combustible, no. Así que, take notes, porque estas consideraciones pueden salvar tu vida.
Primero: tu casa debe tener una zona de resistencia al fuego. Los expertos sugieren dividir el terreno en tres zonas de protección alrededor de sus hogares. La más importante es la Zona 0, que va de 0 a 1.5 metros (unos 5 pies) alrededor de la estructura. Aquí no debe haber nada que prenda fácil: quita todas esas hojas secas, las ramas bajas y evita plantas inflamables pegadas a las paredes. Luego está la Zona 1, hasta los 9 metros (que son 30 pies). Ahí debes mantener el pasto corto y los árboles separados. Y finalmente la Zona 2, que se extiende hasta los 30 metros (100 pies). Aquí el objetivo es reducir la densidad de la vegetación para que el fuego no tenga un camino libre hacia tu hogar.
Segundo: prepara tu mochila de emergencia. No la armes cuando veas el humo, hazlo ya, ¡ya mismo! Te doy un momento para que tomes tu mochila.
Bien. Ahora ponle suficiente agua y comida no perecedera para al menos 3 días (calcula unos 4 litros de agua por persona al día). Incluye una linterna, baterías extra, un botiquín de primeros auxilios y algo vital: máscaras N95. Recuerda que el humo es tan peligroso como las llamas, y las mascarillas normales de tela no filtran las partículas finas que dañan los pulmones. Hay que usar las mascarillas correctas.
Tercero: ten un plan de evacuación claro. No esperes a que la policía toque tu puerta. Si las autoridades emiten una orden de evacuación, sal de inmediato. Muchas tragedias ocurren porque la gente se queda "un minuto más" para salvar cosas materiales. Marca un punto de encuentro con tu familia y ten una lista de contactos escrita en papel, por si se quedan sin batería en el celular.
Al final, la mejor herramienta contra un incendio no es una manguera o un helicóptero, es la prevención. Estar listos marca la diferencia entre una evacuación tranquila y una tragedia.
Créditos
“Frío, tibio, caliente” es un podcast de Factchequeado producido por Sillón Estudios, que presenta información verificada sobre cómo afecta el cambio climático. Narración: Irene García Calvo.
Guiones: Felipe Useche.
Investigación: Felipe Useche, Pablo Convers e Isabel Rubio.
Edición de los guiones: Ana María Carrano.
Edición de audio y diseño sonoro: Maru Lombardo.
Música: Epidemic Sound.
Diseño gráfico: Julieta Licandro Meta.
Producción general: Sara Trejos.
Producción ejecutiva: Laura Zommer.
Agradecemos a Climate Power en Acción por su apoyo para la producción de estas historias.
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Referencias de la investigación
https://www.fire.ca.gov/incidents/2025
https://www.youtube.com/watch?v=5hghT1W33cY
[https://www.nytimes.com/2025/12/10/science/archaeology-humans-neanderthals-fire.html
https://doi.org/10.1371/journal
https://doi.org/10.2993/0278-0771-37.4.700
https://www.jstor.org/stable/10.2307/27251243
https://www.youtube.com/watch?v=Q8mD-4rexo0
https://www.pbs.org/wgbh/americanexperience/features/burn-fighting-wildfires/
https://science.nasa.gov/earth/explore/wildfires-and-climate-change/
https://calmatters.org/environment/wildfires/2025/01/la-county-fires-wildland-urban-interface/
https://www.youtube.com/watch?v=w5hmMEadask
https://factchequeado.com/verificaciones/20230608/helicopter-canada-incedio-helitorch/
https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0205825
https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2020.07.007
https://factchequeado.com/teexplicamos/20220902/prepararse-incendio-forestal-evacuacion/
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