Desde los mitos del diluvio en Mesopotamia hasta las alertas de emergencia en tu celular, en este episodio “Aguas con el agua” del podcast Frío, tibio, caliente te contamos cómo las inundaciones han estado presentes en la historia del ser humano y lo que necesitas saber para no quedar con el agua al cuello.
En Estados Unidos, los datos de los CDC y del Servicio Meteorológico Nacional muestran que las inundaciones causan más muertes que muchos otros peligros asociados al clima. En los huracanes, el mayor riesgo no siempre viene del viento, sino del agua que llega después: marejadas, lluvias, crecidas de ríos e inundaciones repentinas.
Este episodio explica también cómo el cambio climático puede intensificar las lluvias, qué papel juega la planificación urbana y qué medidas pueden tomar las personas, las comunidades y las autoridades para reducir riesgos antes de que el agua llegue.
Transcripción
Si te pregunto cuál es el desastre natural que más te da miedo, ¿qué me dirías? Ah, piénsalo un segundo, carnal, no te apresures.
Apuesto a que te imaginas… mmm… ya sé, ¡un tornado!, de esos que salen en las pelis, que arrancan techos como si fueran de papel.
Or maybe you’re picturing un incendio forestal devorando hectáreas y hectáreas de bosque en un parpadeo. O, why not, el rugido aterrador de un huracán categoría cinco. No te culpo que te hayas imaginado todo eso. Son desastres francamente aterradores.
De todo eso hemos platicado en este podcast. Pero hoy te vengo con un balde de agua fría. Si miramos los números, hay OTRO gran autor de un montón de tragedias climáticas. Y no tiene llamas ni ráfagas de viento de 200 kilómetros por hora. Tiene agua. MUCHA agua.
Suena raro, ¿no? No sé si en tu primaria te lo decían pero a mí siempre me repetía: “Mijita, el agua es vida”. Pero cuando el agua se sale de control, se convierte en uno de los desastres climáticos más costosos y peligrosos que hay.
Fíjate bien: cuando un huracán pega, lo que más mata no es el viento que vuela vacas como en Twister: es la inundación que sigue a la tormenta. Cuando hay un terremoto bajo el mar, la tragedia mayor no es el sismo, sino el tsunami que podría venir después.
Y las cifras no mienten. La Organización Meteorológica Mundial sacó un reporte que te deja helado: entre 1970 y 2019, las inundaciones representaron el 44% de los desastres meteorológicos, climáticos e hidrológicos en el mundo. Casi la mitad, imagínate. Y si nos vamos a los datos de los CDC y del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos, la conclusión es la misma: las inundaciones matan a más personas que casi cualquier otro peligro relacionado con el clima.
Es una "flash flood" o inundación relámpago lo que podría cambiarte la vida en cuestión de minutos. El agua no avisa, no pide permiso y, sobre todo, no se detiene. Por eso debemos entender por qué suceden, cómo podemos prepararnos para las inundaciones y por qué el cambio climático está haciendo que este rey sea cada vez más tirano.
¿Por qué nos pegan tan duro las inundaciones? Pues lo primero que tenemos que saber de esto es que son de los fenómenos más difíciles de anticipar con precisión local, especialmente las inundaciones urbanas. O sea, sabemos que va a llover, pero saber exactamente qué calle se va a convertir en un río es otra historia.
Pero let’s go slow, vamos por partes. A grandes rasgos, la ciencia nos dice que hay tres tipos de inundaciones. Vamos con la primera: las fluviales. Imagínate que estas son cuando el río dice "con permiso" y se sale de su cauce. Luego está la segunda, las inundaciones costeras, que es cuando el mar decide meterse a la tierra, normalmente por una tormenta o el aumento del nivel del mar. Y finalmente está la tres, las inundaciones pluviales, que son las que ocurren por lluvias intensas: meaning, cae tanta agua en tan poco tiempo que el suelo se satura y el drenaje simplemente dice "ya no puedo más, mamita querida".
Las inundaciones son un fenómeno complejo. Y, you guessed it right!, también parece ser que el cambio climático intensifica las condiciones que las favorecen. Esto pasa por una regla física bien simple que quizás viste en el cole, quizás no, no importa.
La regla es que en el aire caliente hay más humedad. Por cada grado Celsius que sube la temperatura del planeta, el aire puede cargar un 7% más de vapor de agua. ¿Y esto qué tiene que ver con el cambio climático? Pues mira, que como nuestro planeta está más caliente, la atmósfera también es como una esponja mucho más grande y gorda que antes. Y cuando esa esponja se exprime, pues sale más agua de golpe.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, o IPCC, advierte que en algunas regiones nos faltan datos históricos para ver el patrón completo de las inundaciones.
¡Eso está cañón porque hace difícil la prevención! Pero lo que sí sabemos es quiénes pagan los platos rotos: las comunidades que viven en zonas de riesgo, ya sea por falta de dinero o por mala planeación urbana.
Pero nuestra bronca con el agua no es nueva, nope. Todo lo contrario. Está tatuada en nuestra memoria colectiva. Desde que el ser humano es ser humano, le hemos tenido un miedo reverencial a las inundaciones.
El mito del diluvio aparece en todos lados. No es solo la historia del arca de Noé que todos conocemos. Mucho antes de la versión bíblica, en Mesopotamia, ya se hablaba de una gran inundación que quedó relatada en textos como la Epopeya de Gilgamesh. El antropólogo Alan Dundes (pronunciación: Dondis), en su libro The Flood Myth, analiza versiones de este relato en numerosas culturas que ni siquiera se conocían entre sí.
Según esos relatos recopilados, la idea del diluvio es la de un ritual de limpieza a escala cósmica. Dundes argumenta que las sociedades antiguas sentían que el mundo se "ensuciaba" con el tiempo, meaning, que se llenaba de caos, o de pecado, o de ruido, o de desorden, things like that. Para estas sociedades, el agua no llega para destruir, sino para lavar. Es un lavado ritual, como el bautismo, pero aplicado a tooodo el planeta. El agua de este diluvio mitológico no sólo era un castigo de los dioses, era un rito de renovación. Una fase fundamental de un ciclo de vida y muerte y vida otra vez.
¿Por qué? Porque para nuestros antepasados, las inundaciones no eran sólo mitos, eran una realidad de su vida cotidiana. Eso se ve hasta en el nombre, mira esto: en la antigüedad, las culturas de Mesopotamia de hace 3000 o más años prosperaron alrededor de los ríos Éufrates y Tigris. Meso significa “entre”, y potamos, “río”. O sea, “entre ríos”, en griego antiguo. Es que eran civilizaciones fluviales, my friend, personas que aprovechaban los ciclos de inundaciones de los ríos, además de sistemas de irrigación, para cultivar alimentos y sobrevivir. La inundación era fuente de fertilidad. De la vida.
Quizás por su forma de vida, estas civilizaciones tenían más presente los peligros y beneficios de las inundaciones. Nuestra agricultura ya no depende tanto de las crecidas naturales de los ríos, pero muchas de nuestras ciudades ya están ubicadas sobre zonas de riesgo. Nuestro mundo es muy distinto pero… de pronto deberíamos mirar hacia atrás y recuperar algo de esa resiliencia antigua.
Para los antiguos quizás prevenir parecía más sencillo: no construyas tu casa donde un río suele desbordarse. Suena lógico, ¿verdad?
El problema es que ya metimos la pata, my friend. Urbanizamos donde no debíamos, pavimentamos todo y ahora, cuando cae mucha lluvia, el agua no tiene a dónde ir. Hay menos espacio para que pueda filtrarse. En las inundaciones repentinas, la alerta a veces nos llega cuando el agua ya la tenemos por los tobillos. Ya para ese momento es demasiado tarde para salvar la sala, o incluso la vida.
Ese “reinicio” que mencionaba Dundes ya no se siente como una limpieza espiritual, sino como una tragedia humana y económica de dimensiones catastróficas. Antes, la tierra funcionaba como una esponja natural que absorbía la lluvia junto con la vegetación. Ahora, le pusimos encima una capa de asfalto o concreto que son casi impermeables. El agua apenas puede filtrarse y puede acumularse o desbordarse, así que no le queda de otra más que correr libre por las calles, agarrando una velocidad y una fuerza que desbarata lo que encuentre a su paso.
Por falta de espacio o por pura mala planeación, nos pusimos a levantar colonias enteras y centros comerciales en lo que antes eran humedales o cauces naturales. Le robamos su espacio al río y, cuando llegan las lluvias fuertes, el agua simplemente regresa a reclamar su propiedad. No es que el río se desvíe, no, no, no, sir: es que nosotros nos pusimos en su camino.
En muchas de nuestras ciudades, el sistema de drenajes es viejo o no está diseñado para el volumen de agua que cae hoy por el cambio climático. Si a eso le sumas que hay alcantarillas que pueden estar tapadas con basura, tienes the perfect recipe for disaster. Lo que antes fluía de forma natural, ahora se queda estancado, inundando casas y negocios en muy poco tiempo, especialmente en las inundaciones urbanas repentinas.
No hay que irse a Mesopotamia para ver todos los efectos de las leyendas antiguas en un mundo moderno. Para entender el peligro real, solo hay que ver lo que pasó en Texas Hill Country, en el centro de Texas (pronunciación: Tejas). A esa zona le tienen un nickname bien simpático: el Flash Flood Alley, es decir, el "Callejón de las Inundaciones Relámpago", y no es por puro gusto.
Geográficamente, es una zona traicionera. En muchas partes, el suelo es apenas una capita delgada de tierra sobre pura roca caliza, con pendientes pronunciadas y valles estrechos. Cuando llueve mucho, esa roca actúa como si fuera cemento; el agua apenas se absorbe, solo resbala y se acumula.
Imagínate este escenario: era comienzos de julio y los restos de la tormenta tropical Barry venían subiendo desde el sureste de México. Se juntaron varios factores climáticos, entre otros, mucha humedad del Pacífico, y se armó la tormenta perfecta. El sistema de precipitaciones se mantuvo sobre Texas del 4 al 7 de julio.
Fue como si la atmósfera conectara una manguera industrial y la dejara abierta sobre la misma región durante esos días, del 4 al 7 de julio. Los satélites de la NOAA y los datos de la NASA muestran algo impresionante: el sistema estaba "estacionario", o sea, no se movía. Varias estaciones automáticas registraron entre 5 y 11 pulgadas de lluvia en apenas unas horas. ¡Eso es lo que normalmente llueve en meses! Pero el dato que de verdad me vuela la cabeza fue al noroeste de una zona llamada Streeter: ahí se reportó un total de más de 20 pulgadas de lluvia en tres días. Estamos hablando de medio metro de agua cayendo del cielo.
Las noticias de esos días fueron desgarradoras. El agua subió tan rápido que la gente no tuvo tiempo ni de calzarse. Al menos 135 personas perdieron la vida. No fue falta de avisos, fue que la velocidad de la inundación y la cantidad de agua superó cualquier infraestructura. Los puentes se convirtieron en represas y luego… en escombros.
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos sentamos a esperar el siguiente balde de agua fría? Pues no. Tanto los expertos en gestión de riesgos como FEMA (fima), que es la agencia de emergencias en Estados Unidos, son bien claros: tenemos que dejar de pelear contra el agua y empezar a darle su espacio.
Y lo más importante: necesitamos un plan de evacuación real. Si vives en una zona de riesgo, la prevención no es una opción "por si acaso", es una necesidad básica. Tienes que saber a dónde ir y cómo salir antes de que el camino se convierta en río.
El cambio climático no es algo que "va a pasar", es algo que ya nos está mojando los pies.
Para que no nos agarre desprevenidos, la clave está en la prevención con muchísima anticipación. Así que, take notes, porque estas consideraciones pueden salvar vidas.
Factchequeado y FEMA son bien claros: si esperas a que empiece a llover para contratar un seguro contra inundaciones, ya perdiste, porque estas pólizas tardan unos 30 días en entrar en vigor. No hay de otra, hay que adelantarse. Además, hay que armar el famoso kit de emergencia con documentos importantes bien guardaditos en recipientes impermeables o bolsas herméticas con copias digitales protegidas con contraseña. Y ojo, no olvides configurar tu celular, en la parte de notificaciones, para recibir las Alertas Inalámbricas de Emergencia (WEA, pronunciar en español y en inglés para tener los dos), esa notificación del gobierno puede ser la diferencia entre salir a tiempo o quedarte atrapado cuando el agua ya no te deje ni abrir la puerta.
Si te encuentras ante una zona inundada, la decisión más prudente y necesaria es detenerte y buscar una ruta alterna. No es una precaución menor: la física del agua en movimiento es implacable. Mira esto: con apenas 6 pulgadas de agua, más o menos a la altura del tobillo, una corriente tiene la fuerza suficiente para tumbar a un adulto; y 12 pulgadas de agua, cerca de un pie de altura, bastan para desplazar un carro de manera incontrolable, convirtiéndolo en una trampa. Si el agua te sorprende dentro del carro y el nivel comienza a subir, es vital abandonarlo de inmediato y buscar terreno elevado. Debes bajar las ventanillas, antes de que el sistema eléctrico deje de funcionar. Ahora, esto de salir es solo si el agua entra al carro porque de lo contrario, es más seguro permanecer dentro. De igual forma, si el nivel del agua sube dentro de tu hogar, desplázate a la zona más alta de la casa o del edificio. Por favor, evita a toda costa refugiarte en áticos o desvanes cerrados donde podrías quedar atrapado; el tejado es una opción para mantenerte seguro y visible ante los equipos de rescate.
También tengo que decir que la prevención ante la temporada de lluvias requiere una gestión coordinada entre el ámbito privado y el público. A nivel doméstico, es esencial asegurar el mantenimiento de desagües e impermeabilizar techos. Hay que realizar la limpieza constante de canales y azoteas para evitar filtraciones y estancamientos. Es recomendable la instalación de válvulas antirretorno en las alcantarillas para prevenir el retroceso de aguas residuales. Ah, y tanto propietarios como administraciones de condominios y alcaldías deben priorizar la poda preventiva de árboles. Eso minimiza el riesgo de que las ramas se quiebren por el peso del agua y causen accidentes o daños en la infraestructura.
Al final, el agua posee una fuerza que trasciende nuestro control y nos recuerda nuestra propia fragilidad. Es algo que también nos dicen las reflexiones antropológicas sobre el diluvio.
Y piensa en esto: el cambio climático nos exige hoy un respeto profundo y una planeación rigurosa frente a los ciclos naturales. La prevención no es solo un trámite administrativo, es el acto de cuidado más importante que podemos ejercer para proteger nuestra integridad y la de nuestras familias. Así que mantente alerta a las notificaciones oficiales, prepara tu entorno con antelación y recuerda que, ante el poder de las inundaciones, no está de más seguir los consejos, seguir la ciencia, pero también…
tener un poquito de respeto mitológico: quizás puedes pensar que, aunque hoy podamos predecir la lluvia con satélites, es importante obligarnos, una y otra vez, a replantear nuestra humilde posición frente a la naturaleza.
Créditos
“Frío, tibio, caliente” es un podcast de Factchequeado producido por Sillón Estudios, que presenta información verificada sobre cómo afecta el cambio climático. Narración: Irene García Calvo.
Guiones: Felipe Useche.
Investigación: Felipe Useche, Pablo Convers e Isabel Rubio.
Edición de los guiones: Ana María Carrano.
Edición de audio y diseño sonoro: Maru Lombardo.
Música: Epidemic Sound.
Diseño gráfico: Julieta Licandro Meta.
Producción general: Sara Trejos.
Producción ejecutiva: Laura Zommer.
Agradecemos a Climate Power en Acción por su apoyo para la producción de estas historias.Puedes suscribirte en Spotify, Apple Podcast, YouTube y en otras plataformas de podcast.
Referencias de la investigación
WMO Atlas of Mortality and Economic Losses from Weather, Climate and Water Extremes (1970–2019)
Qué debes hacer en caso de fuertes lluvias e inundaciones - Factchequeado
Analysis of Flood Fatalities in the United States, 1959–2019 – MDPI
Water Cycle Changes – IPCC
The Occurrence of Large Floods in the United States in the Modern Hydroclimate Regime: Seasonality, Trends, and Large-Scale Climate Associations – Advancing Earth and Space Science
The Flood Myth as Paradigm - Cambridge University Press
The Flood Myth – disponible en Internet Archive
What Are Multiform Floods? One More Thing to Worry about with Climate Change. – Union of Concern Scientist
NOAA Satellites Inform Warning for the Texas Hill Country Floods - National Environmental Satellite, Data, and Information Service
Guadalupe River Flood Tragedy - NASA Earth Data
Leer también
¿Son más mortales los huracanes con nombres de mujer?
Cuál es el lugar más caliente el mundo y cómo el calor afecta a los latinos
¿Son los atardeceres más lindos por la contaminación?

